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EDUARDO TOLDRÁ, EJEMPLO DE INSPIRADA TENACIDAD

31 de maig 2012, 11:47 publicada per Eduard Toldrà i Soler   [ actualitzat el 10 de març 2014, 11:59 ]
article by Xavier MONTSALVATGE
(appeared in La Vanguardia June 1st 1962)

EDUARDO TOLDRÁ, EJEMPLO DE INSPIRADA TENACIDAD
SUS POSTRERAS ENERGÍAS LAS CONSUMIÓ EN LA DIRECCIÓN DE «ATLÁNTIDA»

Hace cuarenta años 

No hace mucho menos de cuarenta años que conocí y empecé a admirar a Eduardo Toldrá, joven profesor entonces de la vieja Escuela Municipal de Música, situada en uno de los pocos edificios modernistas que se salvaron de la Exposición de 1888 y cuya estructura de ladrillo rojo se conserva aún en uno de los ángulos del Parque de la Ciudadela. Los niños que acudíamos allí para "aprender música" estábamos injustamente aterrorizados por la majestuosa figura del director, maestro Antonio Nicolau. Los que empezábamos los estudios de violín con Francisco Costa, cuando éste dejaba su puesto para cumplir con sus compromisos de concertista, pasábamos a la clase de su gran amigo, compañero y auxiliar, Eduardo Toldrá. Allí, además de la música, me beneficié de las primeras y mejores lecciones del maestro; conocí lo que era la cordialidad, la naturalidad, el buen gusto en la valoración de todas las cosas, la nobleza en el juicio, el optimismo y la alegría del oficio que él había escogido y que intentaba inculcarnos. Estos recuerdos, no tan vagos como puede suponerse, han acudido siempre a mi memoria, porque el tiempo los ha confirmado. A la extraordinaria estima que desde los primeros tiempos de amistad sentí por Toldrá y que él, con su ilimitada generosidad, me dejaba imaginar recíproca, se unió muy pronto la más abierta de las admiraciones. Eran los años en que los estudiantes nos sentíamos arrebatados por la poesía tan del país, tan delicadamente elegante de sus piezas para violín y sobre todo por el «Sonetí de la rosada» y por luminosidad rítmica de «Les birbadores». Después aprendimos a imaginar la ternura, la gracia expresiva al través de «L'ombra del lledoner», el ciclo de canciones con poesías de Tomás Garcés, editadas en un exquisito cuaderno que presidía una de estas catalanas figuras femeninas del dibujante José Obiols. Más tarde, en el año 1928, en la inolvidable «Associació de Música de Cámara», vimos el estreno de «El giravolt de maig», de Carner, con Mercedes Plantada y Concepción Callao como protagonistas vistiendo deliciosos figurines de Xavier Nogués. Toldrá para nosotros, quedó entonces adscrito en el epicentro del horizonte cultural de aquellos años, al lado de Nogués, Obiols, Carner, Salvat-Papasseit, Garcés, Millet, Garreta, Costa y tantos otros que dieron extraordinario perfil y exquisita calidad a la vida artística catalana.

El gran director de nuestro país... 

Después de nuestra guerra civil, Toldrá quedó un poco desambientado, pero más deseoso de trabajar que nunca. Escribió algunas canciones sobre textos clásicos castellanos, que acaso representen la sublimación de su pensamiento musical, y empezó a dirigir en serio. Recuerdo que a raíz de la creación de estas melodías hablé con el maestro para solicitar su colaboración con el fin de que se pusiera al frente de una orquesta que iba a participar en un modesto concierto de inciertos resultados artísticos. Me dijo que él, a partir de entonces, se debía profesionalmente a lo que decidiera sobre el particular don José Porter. Nuestro admirado librero no tardó en confirmármelo con energía y entusiasmo ilimitados: «Debemos y lograremos hacer de Toldrá —dijo— el gran director de nuestro país. Es preciso que nadie ignore el enorme valor musical que tenemos entre nosotros...» Fue por iniciativa de José Porter por lo que Toldrá dirigió su primer concierto importante en Madrid con la Orquesta Filarmónica y con un éxito total. Poco tiempo después, en 1944, los ecos de este éxito y de otros seguidos muy de cerca por el gran aficionado a la música y admirador del maestro Toldrá que fue el doctor Tomás Carreras Artau, entonces ponente de Cultura del Ayuntamiento, justificaron la creación de la Orquesta Municipal y el nombramiento de Eduardo Toldrá para su dirección.

Su actividad al frente de la Municipal

Somos muchos los que desde aquel año inicial de la orquesta barcelonesa hemos seguido paso a paso el incremento de un prestigio internacional, logrado tanto a fuerza de autoridad y competencia en la labor, como gracias a una insobornable honestidad artística de la que no hace falta que yo sea testimonio para admirarla en toda su extraordinaria dimensión. Otro día, cuando quien esto escribe pueda coordinar más serenamente sus opiniones, publicaremos una más amplia noticia sobre la figura de Toldrá vista desde el ángulo estrictamente profesional. Hoy pensamos solamente en el hombre, en el maestro que acabamos de perder para siempre. Toldra, impulsado por su indescriptible bondad, poco a poco convirtió su actividad de director de la Municipal en una verdadera tortura. Vivía tanto por su música —la que interpretaba— como por sus músicos, cuyos problemas hacía suyos y destinaba horas y más horas en resolver. ¡Quién no le recuerda en los ensayos —en tantos ensayos donde le habíamos visto— buscando premiosamente un rosario de palabras amables, un seguido de actitudes modestas para pedir a tal o cual profesor una mayor eficacia en su labor, una más exacta fidelidad en una interpretación o la rectificación de algún error en el que jamás se olvidó de hacer constar que él aceptaba tener una gran parte de responsabilidad! ¡Cuántas veces había dicho: «Nos hemos equivocado... Tocamos demasiado fuerte... No estamos a la altura de la obra...»! A últimos de noviembre pasado, Eduardo Toldrá consumió sus postreras energías en la dirección de «Atlántida». Nunca más olvidaré la noche del ensayo general, a la salida del cual vi a Toldrá hundido por el esfuerzo, saliendo del Liceo acompañado por su esposa y sus hijos, que físicamente le sostenían, le conducían como a un sonámbulo febril. Después hemos sabido que ya estaba muy enfermo y nos impresiona el esfuerzo sobrehumano que debió hacer para llevar adelante en Cádiz la segunda audición de «Atlántida», la última de su vida.

Las últimas semanas

En los meses siguientes ya no abandonó la cama. Pasó unas semanas animado, a pesar de su inmovilidad, que no le permitía ni tan solo volver la cabeza para ver a los suyos y a los muchos amigos que le visitaban. A partir de entonces, tendido en el lecho, no pudo más que mirar al cielo y no hizo más que animar y sonreír a los que hasta la última hora le acompañaron.

Xavier MONTSALVATGE



Violinista, compositor y director de orquesta

Nació el maestro Eduardo Toldrá en Villanueva y La Geltrú a final de siglo, concretamente el 7 de abril de 1895. Iniciado por su padre en el estudio del arte, ingresó muy joven como alumno de la Escuela Municipal de Música, en la que tuvo por maestros a Luis Millet (solfeo); Antonio Nicolau (armonía,), y Rafael Galvez (violín). Su principal actividad en su juventud fue la de violinista, fundando en 1911, con sus compañeros Recasens, Sánchez y Planas, el «Cuartet Renaixement», que dio infinidad de conciertos e hizo conocer en un dilatado cubito internacional la música de cámara, especialmente de los clásicos y las aportaciones de nuestros compositores al cuarteto. Por aquella época fundó la «Ássociació d'Amics de la Música », y más tarde (1928), la «Orquesta d'Estudis Sinfónics», formada por entusiastas de la labor instrumental. Su constante actividad de violinista, su ingreso como profesor de este instrumento en la Escuela Municipal de Música, unido a su inicial cultivo de la dirección orquestal al frente de la orquesta aludida, y, finalmente, sus primeros trabajos de composición, le convirtieron muy pronto en una figura protagonista de la música catalana.

Después de la gran guerra de 1914, dio a conocer sus primeras obras: una «Suite para orquesta», los poemas «Empúries» y «La Maledicció del Compte Arnau», obra que, precisamente, figura en el programa que la Orquesta Municipal anunció para el próximo domingo.

De la primera época, son también «L'Estudiant de Vich», «Danses de Vilanova», un «Cuarteto en do menor», las piezas también para cuarteto, «Vistes al mar», inspiradas en los poemas con el mismo título de Juan Maragall, «Sis sonéts » para violín y piano, que fueron premiados en el III Concurso Musical; «Eusebi Patxot i Llagostera», y muy pronto editados y profusamente divulgados, unas ilustraciones para «La filla del Marxant», de Adrián Gual; unas treinta sardanas y glosas populares para cobla u orquesta; numerosas canciones, entre las qué sobresalen el ciclo «A l'ombra del Lladoner», «La rosa als llavis» y el «Romanç de Santa Llucia», y, finalmente, la ópera de cámara, «El Giravolt de Maig», con letra de José Carner, estrenada en el «Palau de la Música Catalana» el 27 de octure de 1928, siendo también repuesta en 1948 en el Liceo bajo su dirección, y en 1958, otra vez en el Palacio de la Música, con motivo de las fiestas del cincuentenario de esta sala de conciertos.

Al correr del tiempo, la actividad de Eduardo Toldrá como compositor y violinista, decreció paulatinamente, mientras su carrera de director de orquesta fue tomando los mayores vuelos. De 1942 datan sus , bellísimas «Canciones sobre textos del Siglo de Oro», y más recientes son sus canciones catalanas para coro. No obstante, la calidad y frescor de estas partituras, la personalidad del músico en los últimos veinte años, queda mejor reflejada en su matiz de conductor, sobre todo a partir de 1944, en que fue nombrado director de la Orquesta Municipal de Barcelona. Al frente de la misma, Eduardo Toldrá hizo una labor trascendental, de la que dará idea el hecho de que con su orquesta celebró un número de conciertos que se acercan a los 700. Incluyó en los programas las obras más diversas y los solistas más ilustres, así como los jóvenes, tanto compositores como instrumentistas, que al través de la Orquesta Municipal pudieron darse a conocer.

Eduardo Toldrá trabajó infatigablemente siempre, pero las dos últimas décadas fueron para él de un servicio para la música, agotador. Su casi permanente presencia en el primer atril de la Municipal fue tan sólo alternada con breves pero fructíferas actuaciones al frente de la Orquesta Nacional de Madrid, que le consideraba como uno de sus más ilustres jefes y las más importantes agrupaciones sinfónicas extranjeras. Entre otras, dirigió, en varias ocasiones, la Orquesta Nacional Francesa, con la que obtuvo el Gran Premio del Disco, y la Orquesta Lamoureux, participando diversas veces en los grandes Festivales Internacionales, entre otros, los de Granada, Edimburgo, Bruselas, Burdeos, etcétera.

Su última actuación fue al frente de la Orquesta Municipal el 24 y 26 de noviembre en el Gran Teatro del Liceo, y la semana siguiente en el Teatro Falla, de Cádiz, con motivo del memorable estreno de «Atlántida».

De la actividad de Eduardo Toldrá como director y compositor, quedan numerosas grabaciones en disco, que ayudarán a perpetuar el nombre del gran músico que acaba de desaparecer. - M

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